Nos autodenominamos con orgullo «pareja fuerte», pero con ello a menudo nos referimos a una guerra silenciosa por el título de la más exitosa, inteligente y establecida.
Las victorias profesionales y los logros personales no se convierten en una alegría compartida, sino en un arma para mantener el estatus de pareja, informa un corresponsal de .
Los psicólogos observan una tendencia inquietante: donde debería haber apoyo, brota la competencia. El éxito de uno de los miembros de la pareja es percibido por el otro no como una victoria común, sino como una derrota personal.
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En lugar de felicitaciones sinceras, hay un cáustico «Sólo tienes suerte», y a la alegría le sigue la culpa por no ser «lo bastante bueno». Esto crea un ambiente tóxico en el que no se puede ser demasiado fuerte para no eclipsar al otro.
Este tácito enfrentamiento deportivo elimina por completo la posibilidad de mostrarse débil, cansado o pedir ayuda. La pareja deja de ser una retaguardia fiable para el otro, porque la retaguardia no debe ver tus vulnerabilidades.
Un consejero sentimental de Novosibirsk señala que este tipo de parejas acuden a él con la frase «Somos como extraños el uno para el otro», aunque exteriormente sus vidas parezcan perfectas.
Intenta cambiar tu enfoque del «yo» al «nosotros». Pregúntate: ¿cómo puede este éxito de mi pareja convertirse en nuestro logro común?
¿Cómo podemos utilizar sus recursos para hacer crecer nuestra familia? Transformarse de competidores en un equipo es la única forma de mantener vivo el amor en medio de dos vidas ambiciosas. Vuestro principal proyecto juntos es vuestra relación, no dos carteras separadas.
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