Cada noche, millones de perros de todo el mundo realizan el mismo misterioso ritual, dando pisotones y girando sobre su sillón reclinable.
Desde fuera parece una monada, pero detrás de esta acción se esconde un poderoso código genético, heredado por nuestras mascotas de lejanos antepasados, informa el corresponsal de .
Este comportamiento es un atavismo directo heredado de los lobos, que solían pisotear la hierba y las hojas de la misma manera antes de hacer una graja. Los parientes salvajes de los perros modernos hacían esto para crear un lugar cómodo y seguro donde descansar.
Al amasar el «lecho», el lobo no sólo nivelaba la superficie, sino que también comprobaba que no hubiera piedras, ramas o insectos en la hierba. Además, el ruido creado por esta acción advertía a los pequeños habitantes del bosque de la aparición de un gran depredador.
El perro moderno que duerme en un colchón ortopédico se guía por el mismo sentimiento subyacente. Instintivamente crea un espacio acogedor y protegido para sí mismo, aunque ya no exista una necesidad objetiva de ello.
Girándose sobre sí mismo, el animal amasa la hierba alta imaginaria, formando una especie de nido. Este movimiento también le permite evaluar la situación y asegurarse de que no se ve amenazado desde esta posición ventajosa.
Algunos cinólogos creen que, de este modo, el perro deja marcas de olor en la cama procedentes de las glándulas situadas en las almohadillas de sus patas. Resulta ser una especie de «pasaporte» del territorio, que dice: «Éste es mi sitio, aquí todo está tranquilo».
El número de círculos y la intensidad del pisoteo pueden decir mucho sobre el estado emocional del animal. Un marcaje demasiado largo e inquieto del territorio indica a veces un ligero estrés o malestar.
El dueño de mi antiguo Jack Russell Terrier siempre sabía que la mascota estaba descontenta por algo si daba más vueltas de lo habitual. Esto servía de indicador preciso antes de que cambiara el tiempo o llegaran invitados.
Si no existe ningún ritual de este tipo, puede indicar una aceptación total de la seguridad del lugar o, por el contrario, una fuerte apatía. Observando los hábitos de nuestro perro, aprendemos a leer los sutiles matices de su estado de ánimo.
La próxima vez que observemos a este baile nocturnono metas prisa a tu amigo de cuatro patas. Déjale terminar una ceremonia ancestral que se remonta siglos atrás.
No es un acto sin sentido, forma parte de un complejo patrón de comportamiento que garantizó la supervivencia de la especie. Nuestros animales domésticos aún llevan el recuerdo de las estepas y los bosques salvajes.
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