La temperatura ideal para dormir es de 18 °C: cómo funciona científicamente

Nos envolvemos en mantas, creando un ambiente tropical en el dormitorio, sin ser conscientes de los perjuicios de esta decisión.

Los somnólogos son unánimes: el frescor en el dormitorio es más importante para la calidad del sueño que un colchón o unas almohadas caros, informa el corresponsal de .

A 18°C, el cuerpo baja naturalmente su temperatura interna, desencadenando procesos de recuperación. La termorregulación funciona de forma óptima sin la distracción del sobrecalentamiento o la hipotermia. Los estudios sobre el sueño demuestran que una habitación más fresca aumenta la duración de la fase de sueño profundo.

Es durante esta fase cuando se produce la reparación más activa de los tejidos y la consolidación de la memoria. La experiencia personal de las personas que han bajado la temperatura del dormitorio confirma estos datos científicos. Observan que es más fácil despertarse y que la sensación de vigor dura hasta la noche.

Los endocrinos explican que la melatonina, una hormona clave del sueño, se produce mejor a temperaturas más frescas. El sobrecalentamiento, por el contrario, desencadena una respuesta de estrés y aumenta los niveles de cortisol. Los expertos en sueño saludable aconsejan empezar con un ligero descenso de la temperatura: 2-3 grados respecto a la temperatura habitual.

El cuerpo se adaptará gradualmente a las nuevas condiciones y pronto se sentirá cómodo a temperaturas más bajas. Es importante prestar atención a la humedad del aire: los valores óptimos son del 40-60%. Un aire demasiado seco combinado con bajas temperaturas puede causar malestar.

Muchas personas han comprobado que, una vez normalizadas la temperatura y la humedad, desaparecía la necesidad de tomar somníferos. La calidad del sueño ha mejorado tanto que 6-7 horas son suficientes para un buen descanso nocturno. Este parámetro es especialmente importante para las personas en la menopausia que sufren sofocos.

Su estado mejora notablemente si se respeta el régimen de temperatura. Los niños también duermen mejor en habitaciones frescas y se despiertan menos por la noche. No temas una ventana abierta en invierno: el aire fresco hace maravillas para la calidad del sueño.

Haz un experimento: duerme a 18 °C durante una semana y te sorprenderá la diferencia en cómo te sientes. Puede que sea el cambio más fácil y eficaz que puedas hacer en tu higiene del sueño.

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