El juego del silencio: cómo los agravios tácitos arruinan las relaciones

Decides no volver a hablar del hecho de que se haya olvidado de tu petición, fingiendo que todo va bien.

Pero con cada trago silencioso de ofensa crece en el alma un muro, a través del cual ya no puedes oír ni las palabras ni los sentimientos, informa el corresponsal de .

Los agravios no expresados no desaparecen, sino que se convierten en un lodo tóxico que envenena cada mirada, cada contacto. Los psicólogos lo llaman «sustracción emocional»: cuando las manifestaciones positivas del amor se van superponiendo a la negatividad acumulada. La pareja siente la frialdad, pero no entiende sus razones, porque formalmente no había razones para el conflicto.

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La ofensa silenciosa es una agresión pasiva, que destruye la conexión mucho más eficazmente que un escándalo ruidoso. Aunque sólo sea porque un escándalo da al menos una oportunidad de aclaración y reconciliación. Una pareja en terapia confesó que durante tres años de matrimonio nunca se habían peleado, pero dormían en habitaciones diferentes y apenas se hablaban.

Tener el valor de decir «estoy dolido» es una inversión en el futuro de la relación, no en su destrucción. Prueba a sustituir el acusador «tú siempre» por un explicativo «yo siento». Hablar del dolor requiere vulnerabilidad, pero es en esa vulnerabilidad donde nace la verdadera intimidad. El silencio no mantiene la paz: mata lentamente todo aquello por lo que un día os unisteis.

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