Te sorprendes a ti mismo pensando que seguís juntos no por amor, sino por el miedo pánico a un piso vacío y a las noches solitarias.
Este miedo se convierte en un carcelero invisible que te mantiene enjaulado en una relación en la que hace tiempo que no hay alegría ni desarrollo, informa un corresponsal de .
Los psicólogos atribuyen esta paradoja a nuestra necesidad fundamental de pertenencia y reconocimiento, que a veces supera incluso la búsqueda de la felicidad. El cerebro percibe la soledad como una muerte social, activando los mismos departamentos que responden a la amenaza física.
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Estamos dispuestos a tolerar la indiferencia, el aburrimiento e incluso la humillación, con tal de no enfrentarnos al fantasma del exilio del sistema de pareja. Con el tiempo, una unión así se convierte en un teatro del absurdo, donde ambos miembros de la pareja interpretan papeles de personas felices, pero entre bastidores sufren en silencio.
Celebran aniversarios, tienen citas y se besan por la mañana, pero estos rituales son como movimientos de marionetas desprovistos de contenido interior. Un terapeuta familiar de Vladivostok compara a estas parejas con vasos comunicantes donde circula el miedo en lugar del amor.
La única forma de romper este círculo es darse cuenta de que la soledad no es una condena, sino un espacio para encontrarse con uno mismo. Intenta imaginar el peor escenario de la vida sin pareja y te darás cuenta de que la mayoría de los miedos son imaginarios.La capacidad de ser feliz solo no es egoísmo, sino un requisito previo para construir relaciones sanas en el futuro.
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