Adoras a tu pareja, pero a veces te apetece estar solo en una habitación con la puerta cerrada.
No se trata de un distanciamiento, sino de una necesidad vital, sin la cual su vida en común corre el riesgo de convertirse en una simbiosis asfixiante, informa .
El espacio personal no es una distancia física, sino un territorio psicológico donde puedes estar a solas con tus pensamientos, aficiones y sentimientos. Es un territorio donde recuperas tus recursos para volver al espacio común de las relaciones con nuevas fuerzas.
Los psicólogos lo comparan con la respiración: para exhalar amor y atención, primero hay que inhalar, llenándose del oxígeno de la soledad. Negar esta necesidad conduce al agotamiento emocional y a la pérdida de uno mismo en la pareja.
Dejas de ser interesante para ti mismo, lo que significa que tu pareja no tiene nada que quitarte. Una asesora familiar de Yaroslavl señaló que las parejas más armoniosas en su consulta son las que perciben la necesidad de intimidad del otro sin celos ni resentimiento, entendiéndola como una inversión en su futuro común.
Crea rincones en tu casa donde cada uno pueda estar a su aire sin poner excusas ni sentirse culpable. Puede ser una silla junto a la ventana, un balcón o simplemente unos auriculares con tu música favorita.
Al respetar los límites del otro, no te alejas de él, sino que construyes un puente de respeto a través del cual fluirá hacia ti una nueva corriente de amor e interés. Tu individualidad no es una amenaza para el matrimonio, sino su activo más valioso.
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