La cáscara de girasol crea muchas cavidades microscópicas que mejoran la aireación y la permeabilidad al agua de los suelos densos.
La estructura porosa de este material ayuda a aflojar incluso la arcilla más pesada, informa el corresponsal de .
Un jardinero de la región de Voronezh lleva tres años utilizando cascarilla para mejorar el suelo de su parcela. Sus bancales, que antes sufrían el estancamiento del agua, ahora dejan pasar perfectamente la humedad y el aire.
Es mejor introducir las cáscaras en otoño al cavar, distribuyéndolas uniformemente por la superficie a razón de 3-5 litros por metro cuadrado. Durante el invierno el material se descompondrá parcialmente, y en primavera continuará su labor de estructuración del suelo.
La cascarilla no sólo mejora las propiedades físicas del suelo, sino que también lo enriquece con silicio y otros oligoelementos. Esto tiene un efecto especialmente favorable en los cultivos de raíces, que se forman más uniformes y sanos.
Este método permite aprovechar eficazmente los residuos de la transformación del girasol, convirtiéndolos en una valiosa herramienta para la salud del suelo. Demuestra cómo los residuos agrícolas pueden convertirse en la base de la fertilidad.
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