A ti te enfada su lentitud y a él le molesta tu impetuosidad, aunque ambos no hayáis elegido vuestro ritmo natural.
Estas diferencias biológicas se perciben a menudo como rencores personales, aunque en realidad no son más que características del sistema nervioso, informa .
Los psicólogos recuerdan que el temperamento es una característica fundamental casi imposible de cambiar. Los intentos de convertir a un melancólico en sanguíneo o a un colérico en flemático están condenados al fracaso y crean un estrés crónico en ambos miembros de la pareja.
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Es mucho más productivo aprender a tener en cuenta y respetar estas diferencias, convirtiéndolas de fuente de conflicto en recurso para la diversidad. Un asesor familiar de Krasnodar compara a estas parejas con músicos que tocan ritmos diferentes pero quieren crear un dúo armonioso.
La clave del éxito no está en la unificación, sino en encontrar un tempo común que tenga en cuenta las peculiaridades de cada uno. Una pareja ha encontrado una solución ingeniosa: por la mañana, la alondra hace sus necesidades en el salón mientras el búho se queda durmiendo, y por la noche se reúnen para cenar, perteneciéndose completamente el uno al otro.
Aceptar las características naturales de tu pareja elimina la agotadora batalla contra los molinos de viento. Intenta ver estas diferencias no como una desventaja, sino como un complemento: su meticulosidad equilibra tu impulsividad, y tu energía le da energía a él.Bien afinados, los distintos temperamentos crean una rica polifonía de relaciones en lugar de un monótono unísono.
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